martes, 28 de noviembre de 2017



reseña 

El Niño de pijama de rayas
Berlín, 1942. Bruno, de ocho años, es el hijo mimado de un oficial nazi. Al ascender su padre, la familia se ve obligada a abandonar su confortable casa de Berlín y trasladarse a una zona aislada donde el solitario chico no tiene nada que hacer ni nadie con quien jugar. Su hermana mayor, Gretel, no se molesta en hablarle: está demasiado ocupada con sus muñecas o hablando con uno de los hombres de su padre, el atractivo y vente teniente Kotler.Muerto de aburrimiento y atraído por la curiosidad, Bruno no hace caso a lo que su madre le dice. No debe ir más allá del jardín bajo ninguna circunstancia. Pero él no le hace caso y se dirige hacia la -granja-que ve en la distancia se cuela fuera de la casa por el jardín trasero en busca de aventuras. Deambula por los bosques y se topa con una alambrada. Al otro lado, un chico pequeño con un pijama de rayas está descargando escombros de una carretilla. Bruno está tan contento de haber encontrado alguien de su edad con quien jugar, que empieza a visitar todos los días a Shmuel, su nuevo amigo, sin decirle nada ni a sus padres ni a su hermana, el niño cual tiene el uniforme de la cárcel nazi en la que esta pareciendo una pijama de rayas llamado, bruno va y lo visita cada que puede le lleva comida y caramelos juegan y se hacen muy amigos pero un dia Bruno se sorprende al ver a Shmuel limpiando la cristalería en su casa y le da un bizcocho, pero el teniente Kotler les sorprende juntos y acusa a Shmuel de robar comida. En lugar de defender a su amiguito del arrogante soldado, Bruno le dice al teniente Kotler que nunca había visto a Shmuel. Más tarde, atormentado por los remordimientos, Bruno visita varias veces la alambrada para pedir perdón a su amigo, pero el niño con el pijama de rayas no aparece. Cuando Shmuel vuelve por fin, su cara está marcada por una terrible herida causada por el puño del teniente Kotler, y Bruno siente una profunda lástima por él. Sin embargo, Shmuel le perdona y reanudan su amistad. En uno de sus últimos encuentros, Bruno se entera de que el padre de Shmuel lleva tres días sin aparecer. Bruno promete ayudar a su amigo a buscar a su padre. Le parece una buena oportunidad para compensarle por haberle traicionado ante el teniente. El día del traslado a Heidelberg, Bruno se escapa para ver a Shmuel cargado con una pala y listo para embarcarse en una última aventura. Pero una vez que cruza la alambrada, Bruno se ve inmerso en una espeluznante carrera que decidirá su destino, el de su amigo y el de los inocentes que hay al otro lado de la alambrada.

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